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Se retiró el Rey Arnold Palmer
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31 de Octubre de 2006



Fernando de Buen

Un ejército perdió a su líder. Fue durante la primera ronda del Administaff Small Business Classic, torneo del Champions Tour. Al término del hoyo 4, quizá desesperado por un fuerte dolor de espalda y las cosas que no funcionaban en su juego, el Rey Arnold Palmer —con 77 años encima y 60 de jugar golf en competencias— decidió retirarse del torneo y, de paso, ponerle fin a su carrera. Supo, sin embargo, que sus fans no lo dejarían salir del campo y continuó jugando como anotador de sus compañeros de grupo, Lee Treviño y John Mahaffey.

‘’He hecho esto por un largo, largo tiempo —comentó Arnie tras la primera ronda—. Primero que nada, pararse allí y no ser capaz de que algo suceda es muy traumático en mi mente. Y cuando la gente toda desea ver un buen golpe y lo sabes y no puedes darles ese buen golpe, es cuando ha llegado el tiempo.’’ A la pregunta de ‘’¿Entonces, es todo?’’, respondió: ‘’Sí, creo que sí. Jugaré algunos torneos de padre-hijo y algunos de caridad y eso es todo. Por el momento no hay pensamientos acerca de más golf en torneos.’’

Es difícil aceptar el retiro de quien logró tantas cosas en el golf y por el golf. Fue por él que las transmisiones televisivas se alargaron y cambiaron del blanco y negro al color. Fue por él que el Tour de la PGA se volvió una de las industrias de entretenimiento más exitosas del planeta y fue por él que las galerías en los campos donde participaba, aumentaron su tamaño exponencialmente. Él se hizo rico por el golf, pero antes de ello, enriqueció al juego como nadie lo habría imaginado. Su gran ejército de seguidores, el Arnie’s Army, por quién continuó jugando hasta el hoyo 18, para después estallar en lágrimas, lo va a extrañar, como lo extrañaremos todos los que gozamos su presencia en el campo, más allá de golpes errados y más allá de constatar su rostro de frustración ante un cuerpo que ya no le permite mostrar la magia que lo volvió excepcional.

Este juego que tanto le debe a Palmer y al que tantos nos debemos apasionadamente, terminó encareciendo sus exigencias y ya no le permite seguir jugando como el quisiera jugar para su público. Llegó, pues, el momento de despedirse de nosotros y el de nosotros de dejarlo ir. Pero este Rey no ha muerto y tan solo dejará un enorme vacío que fue llenado con 60 largos años de historia, de gloria y de un profundo amor al juego. ¡Viva el Rey!.

Arnold Daniel Palmer nació en Latrobe, Pennsylvania, el 10 de septiembre de 1929. A los 4 años de edad recibió las primeras lecciones de su padre, Milfred J. Palmer, quien trabajó en el Latrobe Country Club como profesional y superintendente del campo desde 1921 hasta 1979, año de su muerte. En alguna ocasión Milfred mencionó que Arnold había sido el peor empleado que había tenido en su vida, pues tras hacerlo encargado de la tienda del club, éste en ocasiones solía cerrarla y se escapaba al campo a jugar algunos hoyos.

Tras ganar el Abierto Amateur de los Estados Unidos en 1954, Arnold decidió volverse profesional y al año siguiente ganó su primer título, el Abierto de Canadá. Su mejor época —entre 1960 y 1963— le redituó 29 triunfos, siendo líder de ingresos en tres de esas temporadas. En total ganó 62 títulos en la PGA y 10 más en el Champions Tour; entre su palmarés se encuentran siete majors: los Masters de 1958, 60, 62 y 64, el U.S. Open de 1960, y los Abiertos Británicos de 1960 y 61. Comenzando con el nombramiento de Atleta de la Década de los sesenta, por la Associated Press, recibió —y sigue recibiendo— toda clase de honores y reconocimientos, tanto por su vida como golfista, como por las múltiples acciones que ha realizado con sus organizaciones de ayuda contra el cáncer y otras enfermedades. Él mismo se sometió exitosamente en 1997 a una cirugía por un cáncer de próstata. Junto con el golf, vivió plenamente la pasión por la aviación, desde que comenzó a pilotear su propio avión en 1955. Llegó incluso a romper algunos records entonces vigentes en el orbe.

Ante la sorpresiva noticia, hay también quien no cree en el retiro del Rey. En su sitio de Internet, otro legendario golfista escribió en su página de inicio: ‘’Primero que nada, yo no lo creo. Estoy seguro que lo veré en el Padre-Hijo y tengo confianza de que Sam, el nieto de Arnold, no lo dejará retirarse. Y la próxima vez que juegue con su grupo de cuates en Bay Hill, y después de lograr su próximo birdie, Arnold estará allí de nuevo. Si la semana pasada fue, de hecho, la última vez que Arnold jugó en el golf de competencia, será muy triste el día en que no vea a mi amigo en el campo de golf. Sé cuánto ama jugar y sé cuánto sus seguidores y el mundo del golf aman el tenerlo allí. Le debemos un enorme agradecimiento por lo que hizo en bien del juego. Nunca hubo nadie antes que él en el juego del golf y probablemente no habrá otro como él de nuevo. Gracias Arn, de parte de uno de tus seguidores. Jack.» Se trata por supuesto, del Oso Dorado, Jack Nicklaus.

Regresando a la ronda final, el anecdotario estuvo a cargo de Lee Treviño (¿quién más podría ser?), quien al reconocer las molestias de Palmer y su inminente retiro, le comentó que conseguiría un carro de golf para trasladarlo de vuelta a la casa-club. —No. No me puedo ir. No puedo dejarlos —contestó Arnold—. Pero por favor, ya no anotes mi puntuación. —No tengo problema con eso —respondió el Tex-Mex. Al llegar al 18, personal del Golf Channel le solicitó a Lee que dejara tirar primero a Arnold, a lo que accedió de inmediato. Cuando terminó el hoyo y Arnie embocó su último putt, Treviño ya había hecho planes: «Tan pronto como él terminara de potear, yo sabía lo que haría —Comentó Lee—. Dije: ‘’Caray, si tira su bola al agua, ojalá golpee otra’’ y superó el agua. Al finalizar el hoyo tomé su bola y le pedí que la autografiara. Cuando lo estaba haciendo, le dije: ‘’También firma este guante’’. Con estos valiosos objetos, Lee Treviño completó una colección que sólo incluye las firmas de otros dos jugadores: Jack y Tiger.

En un párrafo, Treviño explica una larga historia: ‘’Yo te diré cómo puedes saber cuánta gente tiene Arnold en la galería —comentó—. Es el número de personas que salen corriendo hacia la siguiente mesa de salida cuando él termina el hoyo, mientras tú estás tratando de finalizar el tuyo. Y son un montón... No estaban realmente interesados en John (Mahaffey) y yo, pero está bien. Lo hemos visto durante 40 años con Arnie. Ellos vienen a verlo a él.’’

Así las cosas, el Arnie’s Army perdió a su general de división, al jugador por el que muchos estuvieron dispuestos a dejarse golpear por una bola que Palmer fallaba con el único fin de devolverla al campo; al golfista que llenó cientos de páginas de gloria, que desbordó pasión en los fairways y greens y celebró con ellos decenas de triunfos en la PGA, en la Copa Ryder y en el tour de veteranos. Sin embargo, son tantas las imágenes que nos legó este excepcional hombre, que no habrá tiempo suficiente para revivirlas todas. El juego le dijo: ¡Hasta aquí! y Arnold Palmer, el Rey, accedió a sus injustas demandas.

Jack no le cree. Sólo espero que tenga razón.

fdebuen@par7.com.mx



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